jueves, 1 de diciembre de 2016

La entrada que nunca hubiera querido escribir.

Hace unos días se celebró la Maratón de Valencia, una Maratón que tenía en mente hace unos meses, me planteaba correrla tras acabar Sevilla con buenas sensaciones a pesar del mal año que llevaba con un cuadro de tendinopatía en los aquiles, pero los problemas volvieron tras la carrera por montaña de la Garganta de los Infiernos y en verano ya tuve que desechar la idea.
Me mantenía como podía, pero  prácticamente no recordaba esos momentos mágicos del pasado en los que podía correr sin ninguna molestia, casi tengo que echar mano a antiguas entradas del blog para recordarlos; está claro que no podía seguir así y mi cuerpo finalmente se plantó, me dijo que tenía que parar y me obligó a ello por las bravas.

Mi cuerpo debe ser bastante radical, así que sabiendo que tengo la cabeza bastante dura, la forma que escogió de hacer que parara fue drástica, sin medias tintas. En realidad esto ocurrió hace ya dos meses, esta entrada debería haberla escrito en esos días, pero entonces no estaba para escribir....en realidad no estaba ni para andar, solo la alegría que estoy teniendo estos últimos días notando bastante mejoría, el seguimiento a los conocidos que disputaron Valencia y Donosti y las ganas de felicitar a mi cuñado que se estrenó en ultratrail por la puerta grande me han dado el impulso que necesitaba para ponerme delante del teclado y reanimar el fallecido blog.

Sí, sé que todavía no he mencionado a la "bicha", la verdad es que me da cosa solo recordar el mal momento que pasé. Fue a finales de septiembre, por entonces parecía que iba recuperando la forma, el aquiles me dolía, pero subir las cuestas andando y trotar las bajadas me permitía cubrir diez o doce kilómetros sin problema, fue al acabar una de esas subidas andando a la Sierrilla cuando al empezar a trotar noté el hachazo por detrás en la parte baja del gemelo, y utilizo la palabra hachazo porque fue lo que literalmente noté, creí que me habían dado una pedrada por detrás, percibí el desgarro, como no pude gestionar el siguiente paso y caí, recuerdo el suplicio de volver a casa sin apenas poder apoyar la pierna y la inflamación en toda la zona.

En un principio creí que me había roto el sóleo, pero el diagnóstico posterior fue aún peor, rotura del tendón de aquiles en un 65-70%. Sé que el tratamiento de elección en estos casos es la cirugía, más aún si pretendía continuar con las mismas actividades deportivas, pero por desgracia en esta ocasión soy autónomo, con trato directo y personal a mis pacientes y clientes y entre preoperatorio, cirugía y postoperatorio no me puedo permitir estar tres o cuatro meses como mínimo de baja.

Han sido dos meses duros, de una semana sin poder conducir porque ni podía apretar el embrague, de tensoplast, antiinflamatorios y reposo en lo posible, de ver las estrellas si en un descuido apoyaba la punta del pie, de recaída por un tropezón en la calle en la que volví a notar el hachazo y vuelta a empezar, de no querer perder la forma totalmente haciendo flexiones, fondos y abdominales, de luchar contra los kilos que quieren venirse conmigo, de ver gente corriendo o trotando por la calle con envidia, de pensar en que probablemente me quedaré definitivamente con catorce maratones.

Ahora la cojera va remitiendo, noto el tendón endurecerse y los gemelos vuelven a parecer gemelos, ya tengo que empezar la rehabilitación y para Navidad espero poder coger un poco la bici y mirar con optimismo el nuevo año, al fin y al cabo correr es solamente una afición.  Y si no puedo correr rápido por la sierra, correré despacio, o trotaré por el parque, o caminaré, o pasearé.....ya os contaré.

viernes, 29 de abril de 2016

Triplete

Nunca antes me había retirado de una carrera, y este año ya iban dos.

Garganta de los Infiernos ( Valle del Jerte)
La recuperación de la larga lesión que me ha tenido ocho meses fastidiado no ha sido un camino de rosas, a primeros de año apuré hasta el final para estar en la Maratón de Sevilla y recibí dos golpes, el primero fue tener que abandonar en enero en la Media Maratón de los Barruecos porque se agudizaron las molestias. El segundo golpe, afortunadamente, fue de suerte y tras una infiltración "made in home" pude terminar la Maratón en 3h33' feliz y satisfecho.

Tocaba el cambio de turno al trail y las primeras sensaciones entrenando fueron buenas, los aquiles aguantaban ( dando la lata de vez en cuando, todo hay que decirlo), pero en la primera carrera de Montaña en muchos meses, tuve que volver a retirarme. Fue en la Sierra de Montánchez, 21 kms. y 1.000 de desnivel positivo. Empecé bien, pero tras una bajada a tumba abierta, un latigazo en el cuadriceps me dejó la pierna temblando, quise seguir, ya que andando cuesta arriba me aguantaba, pero en cuanto me ponía a trotar tenía la impresión de que me iba a romper, así que me di media vuelta hasta el último avituallamiento y culminé mi segunda retirada del año...y de mi vida.

Creo que hice muy bien ya que la recuperación fue rápida y pude volver a correr pronto. Se acercaba la Media Maratón de Cáceres, la de casa, y no me la iba a perder, además, justo la semana después me enfrentaba de nuevo a la que es , probablemente, la carrera más bonita de Extremadura ( y de las más duras), la carrera de la Garganta de los Infiernos, en la que las inscripciones duraron pocas horas un par de meses atrás.

La cosa pintaba tan bien que para entrenar los desniveles que no tengo al lado de casa y además poder quitarme el mal sabor que me dejó la última retirada me inscribí también en la carrera por montaña de los 21 del Calvario en La Zarza para la semana anterior a la Media de Cáceres. En realidad fueron 22 kms. y 1.100 de desnivel positivo en una carrera bonita y más técnica de lo esperado, en parte también porque se tiró toda la semana lloviendo e incluso nos cayó una tormenta en la propia carrera que hizo algunos tramos de roca mojada peligrosos, sobre todo en las bajadas. Inolvidable la imagen del pantano de Alange desde la Sierra con el cielo negro tormentoso al frente y el sol por detrás reflejándose en las incontables peñas del recorrido.




Sin tiempo para descansar, llegó la semana siguiente la Media de Cáceres, sin exprimirme a tope pero tampoco dejando mucho en la recámara, soy de los que en carrera salgo siempre a competir contra mis circunstancias de ese momento y me gusta esforzarme, las disfruto más. No es una Media fácil y acabé en 1h37', sobre lo esperado, muy regular toda la carrera y como siempre gozando de que cierren por unas horas la ciudad para nosotros.




Y casi sin tiempo para recuperar me planto a la semana siguiente en Jerte, cuando las flores de los cerezos aún blanqueaban las paredes del Valle. Todo lo que pueda hablar de esta carrera se quedará corto. 26 kms. y 1.600 de desnivel positivo con terrenos para todos los gustos. El tiempo nos respetó después de una semana de lluvias incesantes y correr por esta reserva natural es indescriptible. Cruzarte con decenas de senderistas que te animan, parar unos segundos a contemplar la garganta salvaje en los Pilones, cruzar bosques de robles y castaños por un suelo marcado en barro por torrentes improvisados, sentir las piernas dormidas de agotamiento tras subidas interminables y bajadas imposibles y ver entre los cerezos en flor acercarse el pueblo con la certidumbre de poder completar la carrera ha sido un regalo. Solo por estos momentos se compensan esos ocho meses parado, dolorido, con pocas ganas de correr....y de escribir.





























He completado un triplete especial en dos semanas que me recuerda al triplete de maratones en dos meses del 2.012, sin embargo no me ha salido gratis, la recuperación posterior me ha devuelto molestias en el tendón de aquiles izquierdo y de nuevo estoy parado y con la bici. 

Esperando volver a vivir días como esos sé que volverá a merecer la pena.

viernes, 26 de febrero de 2016

Mi Maratón de Sevilla 2.016. Momentos

Me faltaron cinco semanas y me sobraron cinco kilos.



Existen pocas experiencias que personalmente te aporten lo que te da una Maratón. ¡¡ Que momentos!! Da igual si llegas en dos o cuatro horas, si se afronta luchando por tus objetivos, sean cuales sean, cada Maratón se convierte en inolvidable. En principio he de decir que quizás esta ha sido de las que más me ha costado afrontar, si algo tengo claro es que aparte de entrenamiento, lo más importante para correr una Maratón es querer correrla y yo hace un mes ni creía que podría ni en el fondo quería correrla, me acababa de retirar de una Media en el kilómetro diez.
Demasiado tiempo, aunque llevaba un par de meses trotando y con la bici seguía estancado en la lesión, conociendo por ser perro viejo lo que viene después del 30, mi motivación no era la óptima. Estoy seguro que si hubiera sido de las primeras no hubiera acabado, quiza ni hubiera empezado, pero hace veinte días una buena semana de entrenos me dio lo que tanto necesitaba, ganas de correr, y vaya si la he disfrutado.

Quinto año consecutivo en Sevilla, tras muchos meses parado los objetivos cambian pero el fondo es el mismo, siempre se viven momentos mágicos, buenos y malos. Ahí van los míos:

Levantarte en silencio tras un duermevela inevitable, desayunar, preparar la ropa con esmero y comprobar que el garmin se ha colgado y que me va a tocar ir sin referencias, mi táctica de ir controlando las pulsaciones se va al garete de pronto.

Acercarte al estadio al amanecer, contemplar las manadas de corredores que acuden a la llamada y saludar a mis amigos blogueros que siguen fieles y comprometidos con esta locura año tras año.


La enésima vez que escuchas a los AC/DC antes de la salida y la enésima vez que te emocionas.

La mano en la espalda a los pocos kilómetros de mi amigo Angel, como en los últimos años y al que solo veo de año en año en Sevilla.

Cruzar el puente de San Telmo y comprobar esperanzado que los siete meses parado de momento no le pasan factura a los aquiles.

Ver por el kilómetro siete como se vuela el primer globo de 3h30' delante de mí y asimilar que sin pulsómetro y sin globo, por segunda vez esta mañana me vuelvo a quedar a ciegas.


Pasar por el diez y comprobar que no se me ha olvidado correr, aunque con el catarro que llevo hace dos días, la calima y la nariz taponada, lo que parece que se me ha olvidado es respirar.

Emocionarte ante el gentío que anima, con fervor casi mariano al paso por la Macarena en el catorce, es una zona donde esperan muchos familiares por haber hoteles y no estar lejos del estadio.

Solidarizarte con los primeros lesionados, parados ya en los bordes de la carrera, animarles lo que puedes y dar gracias por no haber sido uno de ellos ( al ver a alguno me acordé de Alex).


Pasar la Media Maratón con fuerza y al ir sin crono comprobar que llevo un tiempo mucho mejor que el que creía.

Sentir la piel erizada ante las muestras de amor de algunos niños con sus carteles de apoyo a sus padres, me emocionó en especial un niño de unos cinco años corriendo y gritando con pasión a su ¡¡Mami, mami!!

Llegar al kilómetro 30 y que los aquiles sigan calladitos.


Entrar en la Plaza de España, comprobar que el del mazo sigue campando por allí y que, visto lo visto con mi floja preparación, no me lo iba a poner tan fácil como yo pensaba un par de kilómetros antes.

Darlo todo para atravesar bien los mejores kilómetros del recorrido, por el centro de Sevilla y tratar de llegar con "buena cara" hasta la Alameda de Hércules, ya en el 39, donde me esperaba mi familia.

Por el km.39, la procesión iba por dentro
Pasar el puente de la Barqueta sabiendo ya cumplidas dos de mis tres premisas de Maratón, que voy a llegar y que voy a hacerlo en torno a las 3h30' ( al final fueron 3h33'), falta la tercera " no ponerme a andar en ningún momento" y estoy comprometido a cumplirla aunque sea a 5'40" en esos dos últimos kilómetros.

Llegar al túnel del Estadio, entrar en esa oscuridad acogedora y fresquita (para entonces ya apretaba por momentos el calor) y ver al fondo la emocionante luz del interior y un montón de corredores ya llegados envueltos en un plástico naranja animando para esos últimos trescientos metros.

Pisar la recta final, tener la sensación que vas flotando solo hacia la pancarta y comprobar después en los vídeos que estás rodeado de decenas y decenas de corredores.


Cruzar la meta y parar de correr, si hay una sensación aún mejor que encontrar el flow corriendo es el momento de pararte después de cruzar la meta en una Maratón y pensar que ya no tienes que correr más, al menos en unos días.


Sevilla, hasta el año que viene.

Lo menos importante, los tiempos.
Si queréis saber lo que ha sido vivirlo desde dentro, mirad este vídeo de pitufollow:


sábado, 13 de febrero de 2016

Por los pelos. Objetivo Maratón de Sevilla.

Hace un mes no hubiera apostado un duro por poder correr la Maratón de Sevilla.


Siete meses de lesión. Una lesión ( entesitis aquílea bilateral) cuyo apellido es común a otras muchas lesiones de corredores y que implica al famoso tendón de aquiles, de las más pesadas, que no te incapacita totalmente pero te menoscaba la forma física y sobre todo la moral.

Primeros meses sin correr, sólo la bici mitigaba mis ganas de gastar energía, pasado el tiempo decidí que me compensaban unos minutos de trote sin dolor en medio de unos kilómetros de sobrellevar las molestias. Llegó un momento en que a pesar de los cuidados y el tratamiento se estancó, pasaron meses en que no empeoraba, pero tampoco progresaba nada, mejoraba de un lado y empeoraba del otro, curiosamente el talón derecho, que fue el que comenzó todo me dejó de molestar tanto y el dolor se traslado multiplicado al izquierdo, quién lo entiende. 

Llegó la Navidad y sólo podía salir dos o tres días a hacer ocho o diez kilómetros, aunque seguía con la bici a tope que creo que es la que mantenía mi estado de forma (y mi peso) algo controlados.

A primeros de año tomé la decisión de intentar aumentar los entrenos de carrera, aunque seguía pensando que llegar a Sevilla era una quimera. Incluso me inscribí en una Media Maratón para obligarme a hacer una tirada más larga. La realidad me pego duro, en esa Media salí más rápido de lo debido y en el km. 7 los pinchazos se agudizaron, decidí parar y aun así no me disgustaron los 45'16" en los diez kilómetros que corrí.

Faltaba un mes para Sevilla y tomé otra decisión, o podía con un par de semanas de carga o lo dejaba. Me infiltré trigon depot en cuatro pinchazos en el talón izquierdo (esto no lo hagáis vosotros en casa) y ocurrió un pequeño milagro. A los dos días no solo dejó de dolerme ese talón sino también el otro y unas molestias que arrastraba en una cadera también fueros desapareciendo, supongo que al dejar de dolerme el talón, mi postura se volvió menos forzada y eso mejoró todo lo demás. El caso es que esa semana ya pude terminar con 65 kilómetros, incluyendo una sesión que tenía que juzgar mi decisión final, una tirada de las de verdad, me salieron 30 kilómetros a 5'12"/km por el Camino de Santiago de la Ruta de la Plata con sus toboganes y tomé la decisión de ir a Sevilla; el problema es que sólo quedaban tres semanas.

Ayer leí una gran entrada de Angel @contadordekm (todo un referente en el mundo #runnermedia y #runnerRRSS) en la que cuenta que estas tres últimas semanas casi le sobran, lleva todo el entreno hecho y por temor entrena " a la defensiva". A mí también me ha pasado en otras maratones y tiene toda la razón, pero en esta ojalá tuviera yo esas tres semanas más que otras veces nos sobran.


Tenía 20 días, hay muchos que ya están comenzando el tapering. ¿ Qué hacer?. Pues toca realizar un miniciclo de trabajo. Ocho sesiones de carga, dos de afinamiento y cinco días de tapering.
El resumen ha sido 115 kilómetros en esos ocho entrenos con una tirada de 26 kms. a 4'59" que me dejó muy contento, los dos días de afinamiento comenzarón ayer con el primer día de calidad de todo el plan 3 x 4.000 a 4'29", 4'24" y 4'18"/km y mañana que haré el test de la hora.
Con esto y un par de rodajes cortos esta semana llegaré a Sevilla, es lo que hay.
De la lesión tengo vagos recuerdos al principio de los entrenos pero cada vez va mejor, aunque siempre me queda el temor de lo que pueda pasar en 42 kilómetros.


Obviamente mi único propósito será disputar una Maratón más, mi número 14, con mis tres objetivos prioritarios de todas las maratones. Primero acabar en buenas condiciones, segundo hacerla sin andar y tercero rondar las 3h30'. El tercero este año se alejará un poco, pero seguro que hasta el km.30 al menos andaré ahí cerquita de la liebre.

Sevilla es mi maratón "de casa", con este serán siete años yendo (aunque los dos primeros no pude correrla por lesión), me ha dado buenos y malos ratos, mis mejores marcas y la satisfacción de saludar cada año a muchos de vosotros. Espero que este año se repita, por si acaso como todos los años, yo andaré de 8:00 a 8:15 ya cambiado en la entrada del tunel de acceso al Estadio por la zona Sur, por si alguno quiere echar diez minutillos de charla y hacernos unas fotos.

Sevilla 2.012
Sevilla 2.012
Sevilla 2.012
Sevilla 2.013
Sevilla 2.013
Sevilla 2.014
Sevilla 2.014
Sevilla 2.015
Sevilla 2.015
Sevilla 2.105
Un abrazo a todos y perdonad mi desidia con el blog, no tengo perdón.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Otro año para correr.

Otro año para correr, otro año para vivir, pasa la vida.

Se cierran puertas, se abren otras.
Se afrontan retos, se planean otros.
Se van amigos, se hacen otros.
Se infringen reglas, se pactan otras.
Se olvidan palabras, se aprenden otras.
Se cortan manos, alzamos otras.
Se quema un árbol, se planta otro.
Se frustran sueños, se sueñan otros.
Se apagan vidas, se encienden otras.

Nunca es opción tirar la toalla.

Sigo tocado, sigo corriendo, febrero se acerca, la tentación de coger el coche e ir a Sevilla se aleja.

Pasan los años, pasa la vida y somos afortunados, podemos correr y tenemos todo el tiempo por delante.




martes, 24 de noviembre de 2015

La interminable travesía del desierto

Como atravesar un desierto, la lesión se va haciendo cada vez más dura cuando sigues sin ver el final y ya casi te has olvidado del principio.


Debería ser fácil. En el telediario sale el médico de un famoso futbolista que se ha lesionado: 
  - Según la resonancia, la rotura fibrilar es de 5,8 cms. Con el tratamiento adecuado podrá jugar en 40 días - .... y lo clava. 
El resto de los mortales nos tenemos que conformar con un: 
- A lo mejor se te ha inflamado el tendón, aunque no se ve nada extraño, supongo que te irá bien el reposo, el frío y tomar antiinflamatorios unos días - .....y así van 150.

Ya no me importa la causa, me importa la consecuencia. Me cansé de no correr y he vuelto a hacerlo, el dolor sigue presente al principio y al final, pero me deja ese espacio en medio que para mí es irrenunciable, a veces son unos pocos minutos, otras veces, las mejores, me deja media hora a 4:30 disfrutando de su olvido, curioso que me duela menos yendo más rápido.

En esta larga travesía por el desierto, recientemente he encontrado un pequeño oasis. Un oasis que me permite hacer 25-30 kilómetros semanales y 80-90 de bici de montaña en cuatro o cinco salidas, y la verdad es que me encuentro a gusto en él. No me vienen ansias por competir, no hecho de menos para nada los días duros de series o tiradas largas, llevo el garmin de adorno y ni siquiera me agobio al pensar que estoy inscrito para Sevilla y no voy a llegar ni de coña.
No sé si este oasis se mantendrá hasta el borde mismo del desierto, aparecerá de pronto un camino y podré volver a correr con libertad por asfalto o por el monte, o se desvanecerá de golpe teniendo que volver a la ardiente arena de la inactividad, de la de olvidarse del Maratón, quizás para siempre. 

Seguiremos intentándolo.

lunes, 10 de agosto de 2015

A las duras

Esa jodida lesión que te permite correr por la mañana y ni andar por la tarde.


Llevaba más de un mes corriendo lesionado, y siendo totalmente consciente de ello, que es peor. 

Ayer la gota colmó el vaso y toca parar. Todo empezó como de puntillas, una tarde tras un entreno tenía molestias en ambos talones, por mi sufrida experiencia pasada sabía que no era fascitis, la molestia era adyacente a la inserción del áquiles en el calcáneo y lo achaqué al desgaste de las zapas, seguí entrenando normal ya que el incordio se limitaba a los primeros minutos corriendo, después desaparecía y, que corredor no convive siempre con alguna pequeña molestia. 

Además del ojo clínico profesional que se me presupone, el otro ojo clínico personal me decía que la cosa no pintaba bien, pasaba el tiempo y las molestias se prolongaban, indagando aquí y allí creo que di al fin con el diagnóstico, entesitis aquílea era el palabro que se escondía tras mis males, como casi siempre el reposo es la solución, y la buena noticia es que raramente dura más de ¡¡SEIIIS MESEEES!! me niego.

Y como a perro flaco todo se le vuelven pulgas, hace unos días tras un buen entreno por el monte empezó a dolerme la zona medial de la rodilla derecha, esta también era una molestia conocida, ya la tuve hace unos meses cuando pasé del asfalto al monte, se mantuvo bastante tiempo aunque controlada, también es de las que te permite correr para agudizarse después en frío, finalmente se curó y ahora había regresado.

Con los años notas que se pierde mucha capacidad de recuperación, parar y volver a empezar para recuperar la forma se hace cada vez más duro con la edad, así que seguía corriendo, además la época estival no ayuda a contenerse de los ágapes, los arroces marineros, las parrilladas y las cervecitas y dos o tres kilillos de más siempre aparecen sin esperarlos por debajo de la ropa.

No quería parar bajo ningún concepto, mi objetivo de la Copa se había esfumado al no poder asistir a la carrera de La Garganta del pasado sábado, pero tenía aún en mente mi estreno en una ultra en el trail Artesanos de septiembre. Ahora la cosa ya no pinta nada bien.
Ayer salí en principio a hacer un par de horas suaves por la Sierra, las molestias se prolongaron un poco más de lo que acostumbraban, pero finalmente, antes de llegar a las antenas ya iba corriendo bien, bajando me permití incluso algún kilómetro por debajo de 4', pero al afrontar el cortafuegos que sube a uno de los riscos, la rodilla empezó a molestarme más y más, paré al llegar arriba pensando que el hilo por el que iba durante estas semanas se había roto, volví despacio a casa, con quince kilómetros, 800 mts. de desnivel positivo y los objetivos truncados, por la tarde casi no podía andar y parar del todo y el tiempo que sea necesario se hace imprescindible, si no hay molestias la bici pagará los platos rotos. 

Por otra parte, cambiando de tema, aunque no lo tengo como una obligación, me siento en deuda con muchos de vosotros que tanto me habéis motivado y lamento mucho no ser más constante últimamente con el blog, se me ocurren cosas, pero luego tengo como esa sensación que se produce cuando te dan un micrófono para hablar y te quedas en blanco, propósito de enmienda, lo prometo.

Esta semana cojo las vacaciones y me temo que por primera vez en años serán muy sedentarias, aunque no me resistiré al menos a  meter en el maletero unas zapas, unos kilometrillos por el Parque Natural del Cabo de Gata no me los quita nadie.

miércoles, 17 de junio de 2015

Carrera Pencona Aldeanueva de la Vera

Carrera Pencona: Distante, fría, dura, traicionera.......irresistible.


Cuarto año consecutivo que no me puedo resistir a estar el día señalado a las 8 de la mañana en el puente de San Gregorio de Aldeanueva de la Vera para correr su inigualable carrera Pencona.

Probablemente sea por desnivel, distancia y terreno técnico la más dura de Extremadura, este año le han quitado tres kilómetros de pistas llanas al principio de carrera, así que había que afrontar el toro de forma más directa aún, sin tiempo de arrepentimiento.

Tuve que ir solo desde Cáceres, así que tocó madrugar de lo lindo, no sé el apelativo que me pondrían muchas personas que conozco si se enteraran de que me levanto un domingo antes de las cinco y recorro 120 kms.  para andar penando más de cuatro horas corriendo por el monte. Al menos tengo otro compinche incomprendido en la familia, porque allí estaba también mi cuñado que se acercó en unas condiciones parecidas desde Pinofranqueado. A esa hora el termómetro ya marcaba 22º, aunque la verdad es que solo noté calor en la última parte de la prueba al descender de las cotas más altas, arriba con el cuerpo sudado y a casi 1.800 mts. de altitud, casi te quedabas frío con el viento.

Salida de la prueba larga, 29 km D+ 1.916 mts.                     Foto: Jose Mª Diaz
Veintinueve kilómetros y más de 3.800 metros de desnivel, con tramos de terreno muy difícil tanto en subida como en bajada nos quedaban por delante. Es de agradecer que este año se acrecentaba mucho el número de corredores ya que se organizó también una "minipencona" de 16 kms. para aquellos que todavía no se ven para la larga pero no se quieren perder el encanto de esta comarca, seguro que ya están pensando dar el paso a la grande el próximo año.

Comenzamos la carrera de forma pausada, al contrario del año pasado, se sube prácticamente desde el inicio por camino estrecho, de forma que vamos acomodando los pasos al corredor de delante, salirse del camino para adelantar supone un esfuerzo que en estas carreras luego se puede pagar caro, de forma que cubro los primeros kilómetros bastante cómodo.


La zona trasera del pelotón subiendo.    Fotos: Jose Mª Diaz
A partir del kilómetro tres y cuando llevamos casi 200 mts. ya de ascensión comienza lo duro, entre este kilómetro y el 9 hay prácticamente un kilómetro vertical de subida (tercero en el último mes), y sobre todo el kilómetro 7 es bestial, al desnivel se le une un terreno de roca y matorral que hace que tengas que ir continuamente ayudándote de las manos y no pensar en nada más que en seguir subiendo, un kilómetro en 19'58" puede dar idea de este tramo hasta alcanzar el famoso paso de los Buitres cuya foto de otros años no me resisto a poner de nuevo.

Paso de los Buitres, fijarse bien en las hormiguitas de colores
Tras pasar las rocas más grandes, el desnivel decae un poco y aprovecho para trotar un poco y adelantar algunas posiciones, las sensaciones son buenas, intercalando andar y trotar por zonas de prados encharcados bastante dificultosas por encima de la Chorrera de la Mora, noto que voy bien de reservas  para el siguiente tramo duro de subida hasta el alto de la Panera, que hago de forma pausada pero continua, me voy despegando poco a poco de mi grupo y culmino en el avituallamiento de lo más alto dispuesto a echar el resto en la bajada.

Prados encharcados por encima de la Chorrera de la Mora, terreno tramposo.
Bajada, decir bajada a esto es un poco aventurado, yo diría que es como tirarse por un barranco de piedras, retamas, piornos y helechos que apenas te permiten ver el suelo, si te paras a pensar no bajas. Aún así, este año me noto más ágil y seguro, me he reforzado los tobillos con esparadrapo y se nota, me pasa algún opositor a suicida, pero por lo general soy yo el que cazo a más gente. Entre ellos a mi cuñado, al que veo cojeando, este año se han tornado las cosas y es él quien ha tenido primero una torcedura y luego un esguince, queda mucho y ha decidido retirarse en el siguiente puesto de control del km.14, menudas historias me contó después de la gente que llegaba ya muy tocada a ese puesto.

Tras coger una pista bastante corrible, nos encaminamos a la segunda subida dura del día, por suerte el terreno es más practicable y me permite llevar un ritmo aceptable y atrapar a un grupo de cinco corredores con los que continuo la subida, el paisaje en esta zona es precioso, con todo el valle a nuestros pies, una lástima que este año hayan subido muy pocos fotógrafos y apenas he encontrado la foto anterior, seguiré buscando.

Llegando ya al alto del Collado de las Yeguas, veo en el avituallamiento bastantes corredores, así que como me veo bien de fuerzas, aprovecho para tomarme un gel justo antes de llegar y paro apenas unos segundos para beber y seguir para abajo, adelantando así a un buen grupo.
Recuerdo el año pasado como esta preciosa bajada no pude hacerla como me gusta porque había llegado bastante tocado a ese punto, pero este año la he disfrutado a tope, zigzgueando sin parar por una vereda paralela a la garganta. En ese punto dejo pasar a Mª Luz, la primera corredora de la general que baja increíble junto a otro chico, intento seguirles y ya casi llegando abajo tengo el peor percance de la carrera, tropezón y caída con una fuerte contusión en el costado, la verdad es que no noté el golpe, me levanté y seguí sin mucho problema, incluso pensé que no había llegado a golpearme y la molestia era fruto del esfuerzo muscular al tratar de controlar la caída, pero dado que ya han pasado 9 días y sigo sin poder correr, con dolores y sin poder apoyar ese lado en la cama por la noche, me da a mí que tuvo que haber algún daño costal.

Con el fragor de la lucha, la verdad es que continué corriendo bien, en el siguiente repecho Mª Luz se me fue yendo poquito a poco y me quedé en tierra de nadie, y así seguí hasta el último avituallamiento, el calor ya se nota mucho y paré tranquilamente a beber , refrescarme y comer un trozo de plátano. Poco después tuvo lugar el segundo incidente de carrera, no debí ver una de las cintas de baliza en un giro de 90º y continué adelante cuesta abajo, al poco tiempo noté una soledad un tanto especial y me dí cuenta de que no había balizas, paré e incluso estuve tentado de seguir por si volvía a enlazar, menos mal que no lo hice porque como podéis comprobar en el mapa de wikiloc, si hubiera seguido me habría ido alejando cada vez más.


Di la vuelta y con la pereza de tener que volver a subir por donde había bajado fui retornando hasta dar con una baliza, en ese momento me crucé con otro corredor que se sorprende al verme en sentido contrario, le cuento la historia y continuo para abajo por el camino bueno. Deben faltar 3 ó 4 kilómetros de bajada por una senda de rocas bastante técnica, al principio voy desmotivado por la molestia en el costado y haber perdido algo más de 6 minutos a lo tonto, amén de tragarme casi 700 metros extra, claro, pero poco a poco vuelvo a entrar en carrera y en la última bajada vuelvo a recuperar tres puestos. Al final llegué muy contento en 4h12' para casi 30 kilómetros, media hora menos que el año pasado a pesar de mi equivocación, 37 de la general y 6º de categoría.

El final, como siempre en la piscina natural de agua helada, con limonada, cerveza y bocadillo. Nunca me cansaré de recomendar esta carrera, y este año que me he visto con más fuerza y he acabado mejor, más todavía.

Aspecto de la piscina natural tras la carrera.
Ahora estoy descansando, en parte ya lo tenía decidido y en parte también por el dolor en el costado. Espero reanudar los entrenos pronto para hacer la tercera carrera de la Copa el 9 de Agosto en La Garganta y después ya tengo nuevo reto, me estrenaré en un "miniultra" de 51 kms. y 4.800 de desnivel en el Trail de los Artesanos el 26 de Septiembre.

viernes, 5 de junio de 2015

Kilómetro Vertical de Las Hurdes

Un kilómetro vertical precisa entrega, exigencia  y control....o no llegas.


Podría parecer que en una carrera de tan pocos kilómetros no cabe el planteamiento o la estrategia, en teoría hay que salir fuerte, colocarse y seguir a tope hasta meta, pero después de enfrentarme a mi segundo kilómetro vertical en tres semanas, he podido comprender que es fundamental estudiar tramo a tramo el recorrido si no te quieres quedar en mitad del monte, si en dos kilómetros gastas tus fuerzas os aseguro que subir pendientes del 30% sin piernas se hace imposible...ni andando.

Carrera de 16 kilómetros con 1.600 metros de desnivel positivo en la que el tramo inicial constituía la segunda y definitiva prueba del Campeonato de Extremadura de kilómetro vertical, algo más larga que la anterior 5,9 kms. y D+ 980 mts. pero sin descanso, este es el perfil total de la carrera. Hacer la carrera entera o solo el km. vertical era optativo.

Perfil general de la Carrera, los seis primeros kms. constituyen el Kilómetro vertical.
La carrera se disputó en el pueblecito de Ladrillar, en Las Hurdes Altas, desde el que se tenía que subir al punto más alto de la Comarca, el pico del Mingorro, en la Sierra de la Granjera, que marca el límite de las provincias de Cáceres y Salamanca y se asoma a la vecina Sierra de Francia y al Valle de las Batuecas. La subida es espectacular, se hace casí continuamente por una vereda pedregosa que en forma de zetas va arañando la falda de la montaña y según se asciende se puede ir apreciando la inmensidad de la comarca y unas vistas inabarcables, así hasta el kilómetro 4, y desde aquí ya en lo alto de la Sierra continuar cresteando hasta alcanzar el Mingorro a casi 1.700 mts. de altitud.

Calentamiento previo
Yo llevaba unos días con una molestia en la zona medial de la rodilla, lo bueno es que corriendo no me dolía, pero en frío la verdad es que me costaba trabajo arrancar, para evitar problemas me pongo un tape de sujección y caliento bien la rodilla antes de comenzar. Salgo convencido de mantener un ritmo decente sin detenerme a andar los dos primeros kilómetros, la pendiente es continua pero tendida y consigo mantenerme en el medio de la hilera, ya en el tercer kilómetro me adelanta mi cuñado e intento fijarlo como referencia, andando en los tramos díficiles y esforzándome en correr en otros tramos para cambiar postura y no sobrecargar en exceso los mismos músculos. Lo logro y consigo mantenerme siempre un minuto por detrás.

Salida ya en cuesta
Vereda por la que transcurren los primeros kilómetros
Entre el kilómetro 3 y 4 son las rampas más duras, superiores al 30% de desnivel, no son tan acentuadas como las de la anterior carrera en Losar, pero aquí no hay descanso y hay que mantenerse siempre al máximo de tensión.

A partir del km. 4, cresteo suave hasta la cima
LLegar al avituallamiento del km. 4 es un alivio, el calor de la mañana ya es evidente y toca refrescarse para encarar la zona más técnica de la ascensión, no hay tanto desnivel pero crestear la sierra entre rocas hace que tengas que llevar alerta los cinco sentidos, se intuye el pico a lo lejos, pero se hace eterno, finalmente tras vadear el penúltimo escollo, una pequeña bajada te deja en pies del hito y con ello del final de la primera parte de la carrera en 1h01'.

Llegando a Meta del Km. Vertical
Hito del Mingorro, a su izquierda la Peña de Francia, cayendo a la derecha el Valle de las Batuecas.
Como el otro día, me tomo unos minutos de relax e hidratación admirando la panorámica de la Peña de Francia, que casi se toca con los dedos y del insondable Valle de las Batuecas a su derecha y prosigo, el resto de la carrera me lo voy a tomar con tranquilidad y espero que me sirva de entrenamiento para preparar "la Pencona" ( La carrera más dura de Extremadura) justo una semana después. Seguimos cresteando la Sierra, pero de pronto compruebo que las cintas de baliza descienden por unos barrancos de piedra sin final. Ya me habían prevenido, pero el descenso por esta zona es criminal, bajo mucho más despacio de lo que he subido con especial atención de mis tobillos que en una semana se tienen que enfrentar a lugares aún más duros.

Sí, por aquí tuvimos que bajar




LLegar al quinto avituallamiento y que te digan que ahora hay que volver a subir unos seiscientos metros es casi un alivio tras la bajada criminal, hace mucho calor y se agradece coger la llamada Senda de Alfonso XIII ( que por lo visto pasó por aquí en su famoso viaje a las Hurdes acompañado por Gregorio Marañón, reseña de la ruta aquí) cubierto de vegetación a pesar de que la nueva subida se hace dura.

Senda de Alfonso XIII
Ya sé que el camino desemboca de nuevo en Ladrillar y es una parte muy corrible, así que me dedico a poner el ritmo a 5'/km e ir recogiendo algunos cadáveres de los que me pasaron como bólidos en la bajada.


Llegando a meta
El final de la carrera me permite volver a hacer una entrada en meta con mi hijo pequeño en 2h28' y comprobar después que he logrado mejorar el puesto que tenía en el Campeonato y que me hace subir al tercer cajón del podium y llevarme a casa un trofeo, miel de la zona y una riñonera de hidratación Salomon.

La poscarrera casi es lo mejor, cervecitas, charla con los otros locos, baño reconfortante en las frías aguas de la piscina natural y megapaella para todo el mundo pusieron el broche de honor.

Piscina natural de Ladrillar
Y el domingo tengo una gorda, la temible Pencona de Aldeanueva de la Vera, segunda carrera de la Copa de Extremadura, sus 29 kilómetros y 3.800 metros de desnivel junto a su dificultad técnica la convierten en la carrera más dura de Extremadura, esta es la crónica del año pasado, a ver si esta vez puedo bajar de 4h30'